Velas de la iglesia

Dimensión Misionera de la Catequesis

Bienvenidos

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Estamos iniciando la experiencia eclesial del mes de las misiones, es por ello, que en la Dimensión Nacional para la Nueva Evangelización y Catequesis hemos querido crear este espacio de reflexión en torno a la dimensión misionera de la catequesis haciendo énfasis este mes que la Iglesia, además de invitarnos a intensificar nuestra oración a través del rezo del Rosario, nos pide mirar esta tarea que brota del mandato del Señor de «id y haced discípulos a todas las gentes» (Mt 28,19) con el que Jesús envía a los apóstoles, y en ellos a toda la Iglesia, a trasmitir esta Buena Noticia que transforma, libera, perdona, restaura y salva a quien la recibe haciéndola vida en su corazón.

Durante este mes iremos abriendo y cerrando nuestra semana con pequeñas reflexiones sobre la dimensión misionera de la catequesis dejando que la experiencia de la Iglesia sea la que impulse nuestro ministerio de catequistas, pues, ante todo el catequista es un discípulo misionero que anuncia el Evangelio y construye el Reino de Dios en las diversas realidades donde le toca ejercer esta encomienda que la Iglesia le confía.

Catequistas,

en estado permanente de misión
POR PEDRO COVARRUBIAS JIMÉNEZ

Colaborador del Equipo DINNEC

El Papa Francisco nos ha propuesto en el mensaje para el Domingo Mundial de la Misiones que iluminemos nuestra reflexión con el texto de Hechos de los Apóstoles 4,20, que es un versículo de la perícopa de la comparecencia de Pedro y Juan ante el Sanedrín, y es precisamente este pequeño versículo del que iluminaremos la reflexión de esta primera entrega.

 

El Evangelio es una noticia que no se puede callar

 

El mensaje del santo Padre Francisco para esta Jornada Mundial de las Misiones inicia citando el siguiente texto de los Hechos de los Apóstoles: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (4,20). La experiencia, esa que brota del encuentro personal con Cristo, no es algo que se pueda quedar en el corazón como un recuerdo del pasado, sino que es una realidad que siempre será actual y que se desbordará del corazón del hombre impulsándole a compartir esta alegría que llena el corazón de los que se han encontrado con el Señor (Cf. EG 1).

 

Es la misma experiencia desbordante que hace que los apóstoles y la comunidad primitiva experimenten esta necesidad de trasmitir lo que han palpado, escuchado y visto, no sólo porque para eso han sido enviados sino porque este envío toma sentido cuando la persona es el interlocutor no sólo de un mensaje sino de un compartir la experiencia de lo que Dios ha hecho en la vida del discípulo que se ha convertido ahora en misionero.

 

El catequista ha de ser un verdadero resonante de la propia experiencia, esa que se trasmite no en la sesión o en el grupo, sino en el día a día, esa que va permeando los lugares donde les toca estar pero que no son solo las cuatro paredes de una Iglesia o salón parroquial, sino que se llevan más allá de estos lugares, se llevan a su propia vida.

 

Quisiera hacer resonar nuevamente las palabras de nuestros Obispos Latinoamericanos reunidos en Aparecida, que nos recuerdan cual es el nuevo impulso que nuestro continente, y ahora con el Magisterio del Papa Francisco la Iglesia Universal, necesitan ya que este cambio de época nos exige entrar en este Estado Permanente de Misión, ellos nos decían que:

 

«¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad y amor, de alegría y esperanza!» (DA 548).

 

Esto es lo que los apóstoles entendieron, fue lo que los impulso a anunciar, aun en la adversidad, la experiencia del encuentro con Cristo, eso que habían visto y oído, de lo que ellos venían a hablarles era de Jesús y de cómo había transformado su existencia.

 

Hoy nuestras comunidades necesitan catequistas que vayan y anuncien la Buena Noticia, no pensando sólo en el grupo o comunidad que ya se les ha confiado para acompañar sino en aquellos que, alejados pero que están en búsqueda son acogidos (Cf. AIMD 57) porque necesitan re-encontrarse con Aquel que los ha amado primero, pues este encuentro ha llenado nuestras vidas de la presencia de Dios, ese que nos ha liberado y nos ha integrado a la comunidad pero que también nos ha envidado a compartir esto que hemos visto y oído.

 

 

Te invito no sólo a que leas esta pequeño compartir, sino que aproveches para que este mes hagamos juntos esta experiencia de tomar conciencia de la dimensión misionera de nuestro ministerio de Catequistas, pues no sólo quien sale a los llamados “lugares de misión” es misionero, sino que todo cristiano está llamado a serlo porque las tierras de misión están muy cerca de nosotros.

Te dejo las siguientes preguntas para nuestra reflexión:

 

a. Lee nuevamente Hch 4,20 y contesta haciendo memoria ¿Cuál es mi experiencia de encuentro con Cristo?

b. Si nuestra misión es acoger a los alejados que están en búsqueda de la comunidad ¿Qué acciones estoy realizando en mis ambientes y contextos para favorecerlo?

 

c. Este mes misionero, ¿Qué acción quisiera impulsar desde mi ministerio como catequista para anunciar esta experiencia que he tenido de encuentro con Jesús?

Ponernos en salida misionera
POR PEDRO COVARRUBIAS JIMÉNEZ

Colaborador del Equipo DINNEC

«No podemos callar lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), son las palabras a través de las cuales el Papa Francisco nos ha propuesto meditar este año sobre la misión de la Iglesia, en este mes de las misiones, e iluminaron la primera entrega de estas reflexiones compartidas en torno a la Dimensión Misionera de la Catequesis.

El evangelio de san Marcos (1,40-45) nos narra un pasaje donde Jesús cura a un leproso que se le acerca a pedirle ser sanado de su enfermedad, en este pasaje, Jesús pide al hombre que cumpla con lo prescito por la ley pidiéndole no diga a nadie lo que ha ocurrido, sin embargo, el hombre con la alegría desbordante de haber encontrado la salud integral a través de la persona de Jesús, sale pregonando la maravilla que ha hecho en su vida, convirtiéndose así en un misionero de esta Buena Noticia que Jesús ha venido a proclamar con sus palabras y obras (Cf. Mc 1,40-45); este leproso ha salido de sí para anunciar a Cristo con el testimonio de la nueva vida que le ha dado.

 

El Catequista ha vivido esta misma experiencia liberadora que parte del encuentro que ha tenido con Jesús. Es una alegría que lo ha transformado porque le ha tocado el corazón haciéndolo entrar en un proceso permanente de conversión convirtiéndolo en discípulo misionero que anuncia con su vida la experiencia para que otros reciban la invitación a encontrarse con Jesús, puesto que «el discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado» (DA 278-e).

 

El Papa Francisco nos ha insistido en la necesidad de una Iglesia en salida, es la esencia misma del mandato misionero de Jesús, vayan y anuncien, es la tarea a la que estamos llamados, proclamar la Buena Nueva y construir el Reino de Dios en los entornos que nos toca estar, porque ahí donde tú desarrollas tu vida ese es tu campo de misión.

 

2. Una catequesis en salida ¿en qué sentido?

 

El momento histórico que nos está tocando vivir pide una Nueva Evangelización, pide de la Iglesia mirar con los ojos de la fe las situaciones culturales que estamos viviendo como sociedad, que afectan la vida de fe de nuestros hermanos pidiendo de nosotros la urgencia por salir a su encuentro. Vivimos en un contexto globalizado donde cada vez más nos cuesta hablar el lenguaje del amor, ese que impregna todo el Evangelio, ese que habla Dios, es cada vez más difícil, pero no imposible, hablar de Dios.

 

En este contexto la Iglesia está invitada a entrar en la dinámica de salida misionera, en la que «cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos estamos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG 20), es aquí dónde surge la pregunta sobre cómo hacer que la catequesis tenga esta urgencia por sentirse impulsada a salir.  

 

El Directorio para la Catequesis nos dice que, «puesto que, la acción misionera es el paradigma de toda la obra de la Iglesia (EG 50), es necesario que la catequesis esté también al servicio de la Nueva Evangelización y que, a partir de ella, desarrolle los puntos fundamentales para que toda persona esté abierta al encuentro personal con Cristo» (DC 48), es por ello, que una de las claves para entrar en esta dinámica de salida es la de no olvidar la esencia misma de la catequesis, que es el hacer resonar en los corazones del hombre el Evangelio de Jesucristo, ese que nos anuncia a una Persona que es capaz de transformar la vida y que se quiere encontrarse con nosotros todos los días  renovando esa Alianza de amor. En este sentido la catequesis en salida necesita de catequistas dispuestos a salir de nuestra propia comodidad para entrar en las periferias que otros viven, y que, quizá son los entornos donde comúnmente nos movemos: la escuela, el trabajo, el barrio, la comunidad que muchas veces son tierras que tienen sed de Dios y hace falta quien les acerque al Agua Viva.

 

Catequistas en salida

 

Este nuevo escenario nos va pidiendo catequistas dispuestos, pero también catequistas formados que puedan dar razón de su esperanza en los diversos contextos donde les toca estar ya que uno de los problemas más graves de la actual coyuntura histórica es la falta de conocimiento de las verdades de fe [1], esto nos lleva a contemplar la necesidad de catequistas bien formados capaces de testimoniar aquello que ellos mismo han profundizado y han optado como parte vital de su vida cristiana.

 

En este contexto, la Iglesia está ahora llamada a hacer una misión permanente en todo el mundo, no sólo en los lugares de la missio ad gentes, sino en toda realidad transformando cada una de sus acciones en una perspectiva misionera (Cf. DC 49) que sea capaz de anunciar a Cristo en todo momento y en todo lugar porque recordemos que todos estamos llamados, por el bautismo, a ser profetas que anuncian el Reino y denuncian las injusticias.

 

Aquí entra nuestra reflexión de esta segunda entrega, ¿cómo ser un catequista en salida? Y creo que estas características nos ayudarán para nuestra reflexión personal:

a. Para ser catequista en salida se necesita disposición, porque nos tocará escuchar la voz de Dios en la necesidad de nuestros interlocutores, que nos dirá como al profeta Isaías: «¿a quién enviaré?» (Is 6,8), aquí entrará nuestra disponibilidad para dejarnos enviar por Aquel que nos ha llamado e ir ahí donde Dios necesita ser conocido más que por las palabras por el testimonio.

b. Para ser catequista en salida se necesita formación, porque los tiempos que vivimos nos piden conocer y hundir las raíces de nuestro ministerio en el conocimiento pleno del Señor porque es desde Él donde podemos desarrollas las potencialidades que están en cada uno de nosotros y que nos hacen discípulos misioneros (Cf. DA 276). Recordando que, la catequesis en clave misionera debe anunciar de manera articulada las doctrinas que nos ayudan a entender y conocer más a Jesús, pues a través de ello se llega al conocimiento de los misterios de la fe y se comprende más el valor y sentido del testimonio. [2]

 

c. Para ser catequista en salida se necesita ser testigo, pero no sólo en los momentos donde nos toca estar acompañando a una comunidad o grupo sino testigos de las 24 horas del día, los 365 días del año. Testigos que hacen realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, que son constructores del Reino en todo momento (Cf. DA 278-e). Catequistas que se saben presencia de Jesús en sus entornos, ahí donde tú estás, en lo cotidiano de la vida, que se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás y que hace más pequeñas las distancias generando comunión entre los hombres y entre ellos con Dios (Cf. EG 24).

 

d. Por último, para ser catequista en salida se necesita saber reconocer a Dios en los demás, porque como nos dice el Papa Francisco, «el Evangelio nos invita a responder a Dios amante que nos salva reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de los otros» (EG 39). Es aquí donde entendemos que la misión de anunciar nos lleva a reconocer a Dios que nos llama en los hermanos, y que, nos impulsa a salir a su encuentro para compartirles nuestra experiencia de Dios, el contenido de nuestra fe acompañándolos en un proceso personal y progresivo que los lleve a hacer opción por el proyecto de Jesús, siendo siempre fieles a Dios y a los hombres, porque el Evangelio llega al corazón dispuesto y lo transforma, así como ya lo ha hecho con nosotros.

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Ser catequista en salida misionera nos implica dejar muchas de las cosas y situaciones que nos atan y nos impiden salir a encontrarnos con Dios a través de los hermanos, es por ello, que habrá que reflexionar sobre nuestra disponibilidad para salir de la comodidad para primerear en el anuncio en todo lugar del amor de Dios.

    Bibliografía

    [1] Cf.  R. Fisichella, La Nueva Evangelización, Sal Terrae, Santander, 2012, Pág. 91

    [2] Ibíd.

Te dejo las siguientes preguntas para nuestra reflexión:

1. Analizando mi ministerio como catequista ¿cuáles son estas ataduras que me impiden salir de mi para entrar en estado de misión?

 

2. En los entornos fuera del templo o del lugar de la catequesis ¿qué lugares considero son sitios de misión para mí como cristiano?

Testimonio Misionero
POR HERMANAS CATEQUISTAS DE JESÚS CRUCIFICADO

Comunidad de Misión en Iquitos, Perú

En esta tercera entrega de esta sección sobre la Dimensión Misionera de la Catequesis, tenemos un testimonio de la Misión que realizan las Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado en el Vicariato Apostólico de Iquitos en Perú, ellas realizan su misión evangelizadora y de catequesis en medio de esta realidad de misión ad gentes. Te invitamos a leer y a conocer esta experiencia de fe, de testimonio y de amor por la evangelización siempre fortalecidos por Jesús Crucificado.

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Vicariato Apostólico de Iquitos
(Color Rojo)

Nuestra presencia misionera como Hermanas Catequistas

de Jesús Crucificado en la Amazonía

 

La Amazonía es una región de nuestro continente llamado muchas veces “El pulmón del mundo” por sus grandes extensiones de selva y sus ríos que conectan todo el territorio. Una maravilla de la naturaleza llena de su riqueza en flora y fauna, pero especialmente en su gente que vive en medio de la selva.

        

Quizás nuestra imaginación puede hacernos pensar en muchos árboles y pocas casas, y ciertamente hay comunidades así, pero también hay ciudades o pueblos un poco más grandes donde la gente ha ido emigrando buscando una calidad de vida. El reto ha sido la Evangelización de pueblos indígenas que viven ya en la ciudad; que hoy esta poblado por los hijos y nietos que ya nacieron en las urbes.

Cada región de la selva ha sido evangelizada a diferente ritmo nosotras nos encontramos en Iquitos, Perú; que es la capital de nuestro departamento (lo que llamamos Estado) Loreto. Aquí hace 100 años que se le confió la Evangelización a los Padres Agustinos, pero poco a poco hemos ido llegando diversas congregaciones.

 

Una de las hermanas que ya tiene dos años de estar en este lugar me compartía su experiencia. “En México había trabajado con catecúmenos (quienes se preparan para su bautizo), pero aquí me di cuenta que esto no se parece a lo que había visto y vivido antes. A los dos meses de haber llegado, recuerdo que me invitaron a dar catequesis para papás y padrinos de un colegio. Llegué todavía con mi pensamiento de cualquier parroquia de México y ¡Oh sorpresa!, iba a hablar de los sacramentos así que se me ocurrió preguntar a los papás ¿Levanten la mano los que están bautizados? Y la levantaron muy pocos, me dije: “quizás no me escucharon” así que de nuevo pregunté y afirmativo, la mayoría no tenía sacramentos. Al final descubrí que solo estaban ahí porque en el colegio habían preparado a sus hijos y al final tomarían la asistencia. De este modo tuve que hacer un reajuste a la temática”.

 

Y aquí es donde el Señor quiso traernos como Congregación. ¿Qué es lo que hacemos? Realizamos nuestro apostolado en una parroquia acompañando los diversos grupos que tiene: liturgia, coro, jóvenes, monaguillos, acompañamos las zonas parroquiales, la catequesis, llevamos la comunión a los enfermos, etc.

El apostolado con los catecúmenos es lo más común en las parroquias, si hay algunos que se bautizaron siendo niños; pero son más los grupos de los no bautizados. Por eso hay catecúmenos: niños, adolescentes, jóvenes, adultos.

 

Acompañando en su proceso de conversión ha sido un regalo de Dios, porque es maravilloso ver como se van sorprendiendo por todo. En una ocasión una niña que nunca iba a misa y apenas cuando inició la catequesis comenzó a asistir, y al ver el tema de la última cena se sorprendió al entender que era lo mismo que vivíamos. Los jóvenes y adultos que nunca habían leído pasajes bíblicos que podríamos decir son comunes. Tal cual, es una tierra virgen que tiene sed de Dios y la entrega de personas que quieran hablarles de Él.

Como catequistas impulsamos sin duda la catequesis kerigmática, de ese primer anuncio y encuentro con Cristo. En algunos momentos del año se visitan comunidades en los ríos. Motivando también a la proyección misionera. Ese es otro estilo de hacer pastoral, pero por motivos de la pandemia no nos ha permitido movernos, ahí apoyamos de vez en cuando.

Una de las experiencias que ha marcado mi vida es el encuentro con Jesús Crucificado en los pobres y enfermos. Al entrar en cada casa puedes ver su situación de pobreza en todos los sentidos y desde ahí los acompañamos, oramos, nos comprometemos en la medida en que nos es posible. Son muchas las experiencias que han ido tocando nuestro corazón entre los que entregaron su sufrimiento a Dios, aquellos a los que nos tocó visitar en el hospital, a los que simplemente escuchamos. Y aunque parece tan poco en medio de tantas necesidades, sin embargo, descubres que es a Cristo a quien escuchamos, visitamos y le dimos algo.

Al final de cuentas esto es lo que vivimos, quizás no sean cosas extraordinarias, pero es la experiencia de saber que ciertamente dejamos nuestra tierra, pero ha valido la pena si alguien más se encuentra con Cristo y como decían los apóstoles: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”.

Si alguna vez tienen la oportunidad de vivir una experiencia misionera nunca la desaprovechen, porque Dios les tiene algo preparado. Y les invito que donde estén no se cansen de anunciar a Cristo. Hoy puedo decir que: “lo mejor que me ha pasado en la vida es haber sido llamada por Cristo” con todo y las dificultades, los momentos en que se siente la lejanía de la patria, de la familia y las amistades. Pero en medio de eso mayores son las alegrías que Dios nos da en medio de la entrega.

Nos encomendamos a su oración y siempre pidan por todos los misioneros.

​Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado

Nuestro agradecimiento a las Hermanas que nos comparten un poco de su experiencia de misión desde donde su carisma catequético nos lleva a descubrir la experiencia de ser una Iglesia Sinodal donde todos podemos aportar para construir el Reino de Dios.

Les compartimos algunas de las fotografías del trabajo de las hermanas en el Perú

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